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Libro / Capítulo 12 / Sección 12.2

Sección 12.2 · Sol · género sanguíneo

Sanguíneo puro: sol

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En el sanguíneo puro, la expansión sanguínea organiza por sí sola la forma: participar ya basta. La imagen es el sol, un centro que irradia y calienta sin necesitar otra cosa para ser lo que es.

Al sanguíneo puro puede gustarle ser querido e incluido sin necesidad de ser el más inteligente, el más talentoso ni el más importante; el simple hecho de estar dentro de la experiencia puede bastarle. Pureza, aquí, no es sociabilidad máxima ni deseo de agradar a todos. Puede confrontar, mantener una rutina, aprender una habilidad difícil y sostener un vínculo durante años, sin que nada de eso sea condición de su modo de estar presente. En mi observación, recupera el ánimo con facilidad, incluso a solas, lo que no significa que no sufra. Y hay sanguíneos puros que aprendieron, por cuidado de su reputación, a contener su propia espontaneidad, y por eso parecen menos impulsivos de lo que son.

El bien propio de esta forma es la acogida, el humor, la convivencia y la renovación de la experiencia. Esa misma apertura a lo agradable, sin embargo, hace costoso perder la acogida o renunciar a una experiencia deseada, y la tentación propia es la vanidad, cuando preservar la propia aceptación pasa a gobernar la elección en contra de lo que se reconoció como bueno. Otros vicios, como la gula y la lujuria, no son monopolio suyo ni de ningún temperamento, aunque puedan usar su puerta.

La forma madura del sanguíneo puro es disfrutar sin volver soberano lo agradable. Sigue siendo capaz de gozar del bien agradable con una alegría que contagia, pero logra dejarlo cuando la verdad o el deber lo piden, y su sol, por fin, deja de pedir luz prestada.